La Edad Antigua es la época histórica que coincide con el surgimiento y desarrollo de las primeras civilizaciones o civilizaciones antiguas
El concepto más tradicional de historia antigua presta atención al descubrimiento de la escritura, que convencionalmente la historiografía ha considerado el hito que permite marcar el final de la Prehistoria y el comienzo de la Historia, dada la primacía que otorga a las fuentes escritas frente a la cultura material, que estudia con su propio método la arqueología.
Piedra de Rosetta, singularísimo objeto descubierto en 1799 y cuyo estudio permitió el comienzo del desciframiento de los jeroglíficos egipcios, lo que abrió el camino a una Historia Antigua desde nuevos supuestos metodológicos.
Grandes Civilizaciones
Antigua China. Alrededor de los ríos Yangtsé y Hwang - ho surgió la cultura Xia y la cultura Shang. Esta sucumbió ante los invasores Zhou, que gobernaron China durante la primera mitad del I Milenio antes de Cristo. A finales del período Zhou crecieron dos grandes escuelas filosóficas, el Confucionismo y el Taoísmo. A su vez, en el siglo VI a. C., la antigua hegemonía Zhou se trizó en varios reinos, los cuales entraron en un estado crónico de guerra, durante el período de Primaveras y Otoños, y el de los Reinos Combatientes. El Emperador Qin Shi Huang unificó a China y le impuso un régimen administrativo basada en la filosofía del Legalismo, pero a su muerte sobrevino una nueva guerra civil. En el año 206 A. C., el general Liu Bang unificó nuevamente a China, e inició la Dinastía Han, siguiendo a continuación unos cuatro siglos de relativa paz y estabilidad política.
La gran muralla china una de las grandes construcciones de la antigua china, esta muralla sirvió para protegerse del ataque de los mongoles.
Antiguo Egipto. Alrededor del río Nilo surgieron varios asentamientos neolíticos, los nomos, encajonados entre barreras geográficas como el desierto del Sahara y la península del Sinaí, a pesar de lo cual desde temprana época comerciaron con el Medio Oriente. Hacia el año 3100 a. C., dichos nomos fueron unificados en un solo gran imperio bajo la autoridad del faraón. La cultura egipcia desarrolló los jeroglíficos como forma de escritura, las mastabas, pirámides e hipogeos como métodos de sepultura, y la momificación como método de inhumación, así como una religión emparentada con los dioses Ra y Osiris, entre muchos otros. La corona faraónica vivió épocas de crisis y esplendor, pero siempre dentro de sus fronteras, hasta que invasores externos, los hicsos, se apoderaron del Delta por cerca de una centuria (hacia 1650 a. C.), hasta que fueron expulsados. En respuesta, los ejércitos egipcios cruzaron el desierto del Sinaí y se expandieron hasta el río Éufrates, interviniendo de lleno en la política del Medio Oriente. En su etapa de decadencia, la cultura antigua egipcia aún era lo suficientemente prestigiosa como para inspirar a los reyes de Kush y Axum, reinos que surgieron en el I Milenio a.C. en lo que actualmente es Etiopía, y que incluso invadieron a Egipto y lo gobernaron como "Faraones Negros" durante tres cuartos de siglo.
Pirámides egipcias que servían de tumba para los faraones
La Esfinge y las Pirámides de Guiza (en el antiguo Egipto, III milenio a. C.).
Amenofis IV realizó una reforma religiosa tendente al monoteísmo de Atón, redenominándose Ajenatón; sus cambios implicaron incluso una alteración de las convenciones de representación artística, en lo que se ha denominado «estilo de Tell el Amarna» (mediados del siglo XIV a. C.).
La apertura del sarcófago de Tutankamón por Howard Carter en 1923, uno de los momentos más espectaculares de la arqueología. Era una tumba intacta, y precisamente la del faraón cuyo breve reinado (1336-1327 a. C.) significó la vuelta a la ortodoxia tradicional de la religión egipcia tras el paréntesis herético de Ajenatón.
Ramsés II, el más activo de los faraones del Imperio nuevo, en un relieve de Abu Simbel. La expansión exterior llevó hasta el norte de Palestina, enfrentándose con los hititas en la famosa batalla de Qadesh (1274), cuyo incierto resultado permitió presentarla como una victoria por ambas partes, obligó al mantenimiento de un precoz concepto de «equilibrio internacional» con sofisticadas negociaciones diplomáticas, y suscitó un interesante programa justificativo en textos y monumentos artísticos que la convierten en la primera batalla de la historia militar con suficiente información como para ser objeto de un estudio detallado.
Mesopotamia. Sucesivos asentamientos (El Obeid, Eridu) llevaron a la civilización, hacia el IV Milenio a.C. En el III Milenio a.C. destacó la civilización de los sumerios, cultura entregada a guerras civiles hasta ser unificados bajo caudillos militares como Lugalzagesi, Sargón de Acad, Ur- Nammu y Hamurabi. Después de Hamurabi, que llevó a Babilonia a su apogeo, la región cayó en manos de los invasores casitas, y se deprimió culturalmente, hasta resurgir en el Imperio Asirio.
Tableta de arcilla sumeria con escritura cuneiforme de finales del III milenio a.C. La innovación de la escritura es de tal magnitud para el desarrollo de la civilización que se identifica con la historia misma.
Estatua sedente del príncipe Gudea, patesi de la ciudad-estado sumeria de Lagash.
Los jardines colgantes de Babilonia, fueron alguna vez una de las siete maravillas del mundo antiguo, símbolo del poder del Imperio neobabilónico, hoy apenas existe evidencia de su existencia. Cuadro del siglo XIV de Martin van Heemskerck; al fondo se ve la legendaria Torre de Babel.
Tiglatpileser III, rey de Asiria del siglo VIII .a.C.
Persia antigua: Cordilleras, mesetas, estepas y desiertos caraterizan un difícil medio físico entre el Éufrates al este, el Golfo Pérsico al sur, el Indo al este y los Montes Elburz, el Mar Negro y el río Oxus al norte. No obstante, también son la vía terrestre que conecta el Próximo Oriente con el Asia Central y el Asia Meridional (más difícilmente, siendo más usada la conexión marítima); y a través de esas zonas, en última instancia, con el Extremo Oriente. La extensa región persa o irania cumpliría un papel clave en la teoría indoeuropea, de debatida validez, que suponía la existencia de un grupo ancestral de pueblos de las estepas portadores de rasgos comunes (lingüísticos, étnicos, culturales e incluso de estructura de pensamiento), esencialmente ganaderos (otorgaban un gran valor a vacas, caballos y perros), de estructura social patriarcal, jerarquizada y triádica (visible incluso en su panteón de dioses), que protagonizaron una gigantesca expansión que incluiría la conquista de India por los arios; la de Europa por los predecesores de griegos, latinos, celtas, germanos y eslavos; y la de Mesopotámia, Anatolia, Levante y Egipto por medos y persas.
Escultura de un animal fantástico. Persépolis.
Siria, Jordania y Arabia antiguas: Entre el Tigris y la cordillera del Líbano comienza una vasta zona desértica que se extiende hacia el sur hasta la península Arábiga. Supone un obstáculo insalvable para el desarrollo de la agricultura más allá de pequeñas zonas de oasis muy dispersos, excepto en la zona del Yemen (Arabia Felix -Arabia Feliz-). Las actividades económicas que se desarrollaron y permitieron la formación de una peculiar civilización fueron, por tanto, la ganadería nómada y las lucrativas rutas caravaneras del comercio a larga distancia que conectaban todas las partes del mundo antiguo a través de los puertos del Mar Rojo, el golfo de Adén y el Golfo Pérsico (abiertos al Océano Índico -navegación hasta la India e Indonesia-, al este de África -donde la relación con Eritrea y Etiopía fue muy estrecha- y a la costa oriental de Egipto -Berenice-), y ciudades del interior como Damasco, Petra o Palmira (que conectaban con el Levante mediterráneo).
Vista de El Tesoro desde el desfiladero, Petra.
Grecia antigua: Hélade es el concepto geográfico y cultural que abarcaba en la Antigüedad clásica el territorio habitado por los griegos o helenos, más amplio que la actual Grecia, y que comprendería el territorio continental europeo que va desde el Peloponeso al sur hasta una difusa separación con Macedonia, Tracia y Epiro al norte; además de las islas del mar Egeo y del Mar Jónico y la costa occidental de la actual Turquía (Jonia) hasta el Helesponto. También se asimilaban al concepto de Hélade las colonias griegas establecidas por todo el Mediterráneo; y también podían entenderse próximos a él los extensos territorios de las monarquías helenísticas de Egipto y el Próximo Oriente, que en mayor o menor medida habían sido helenizados.
El Partenón, Atenas, siglo V a. C. Es el edificio más representativo de la cultura helena, su construcción fue ordenada por el político griego Pericles, costó aproximadamente treinta millones de dracmas, lo equivalente a una cifra astronómica de dinero, aún para los estándares modernos. Consiste en una obra maestra de arte y arquitectura, como también de ingeniería: su estructura resistente; los recursos de la perspectiva y su decoración, utilizados (as) en su estética, lo hacen merecedor de tal título.
Italia y Roma antiguas: El Imperio romano tuvo un impacto muy superior a su propia extensión espacial (casi 6 millones de kilómetros cuadrados, ya de por sí una de las mayores entre los imperios de todos los tiempos) y a su duración temporal (del 27a.C. al 476d.C. en Occidente y al 1453 en Oriente); por ser la institución política y la formación económico social decisiva para la conformación de la civilización occidental, que en buena medida puede considerarse una pervivencia suya. A través de ella pervivieron sus conceptos jurídicos e institucionales (derecho romano, municipio romano, provincia romana, senado romano...), artísticos y culturales (arte y cultura clásica, urbanismo romano, vía romana, teatro romano, termas, acueductos...) y el propio idioma (el latín). La romanización fue un proceso que tuvo mucho de sincrético, puesto que incorporaba rasgos culturales de los pueblos conquistados. Muy especialmente se identificó con la civilización griega, a la que Roma reconocía como superior a la suya propia, excepto en cuestiones políticas y militares (Ex Oriente Lux, Ex Occidente Dux). En su periodo final, la aportación judeocristiana fue decisiva.
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